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Cáritas y CIDSE reclaman a la cumbre del clima de Doha «compromisos serios y progresos concretos»

La cumbre de Doha debe establecer las bases para la justicia social, afirman estas dos redes católicas para el desarrollo

Las redes católicas de desarrollo, CIDSE (una alianza internacional de organizaciones católicas para el desarrollo) y Cáritas Internationalis, que participan en una delegación conjunta en las sesiones de la Cumbre COP18 sobre el Clima, que se celebra en Doha, Qatar, entre el 26 de noviembre y 7 de diciembre, han señalado que los ingredientes principales para que el encuentro sea un éxito son: mayores recortes a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), fondos disponibles para ayudar a las comunidades vulnerables más afectadas por el cambio climático y un plan de trabajo claro que permita alcanzar un acuerdo mundial sobre el clima en 2015.
Compromisos serios y progresos concretos
Con el objetivo común de allanar el camino hacia un acuerdo sobre el clima que sea justo, eficaz y vinculante en 2015, CIDSE y Cáritas Internationalis, que representan a 180 organizaciones católicas para el desarrollo, del Norte y el Sur de todo el mundo, afirman que Doha debe determinar compromisos serios y progresos concretos.
Para ambas redes, aunque todos los países tienen que asumir sus propias responsabilidades para hacer frente al cambio climático, las economías más avanzadas son las que deben tomar la iniciativa y reducir las emisiones de manera significativa. Y aunque el Protocolo de Kioto es en la actualidad la única herramienta vinculante para reducir las emisiones, muchos de los mayores emisores de GEI o no lo han firmado o se retirarán de él al comenzar el segundo periodo de compromisos del Protocolo, que comienza en enero próximo.
Para Bernd Nilles, secretario general de CIDSE, “demasiado poco y con pocas ambiciones: ese es el problema principal. El nuevo informe del Banco Mundial demuestra que estamos llegando a un mundo de +4º y esta es la última de una serie de sirenas de alarma que deberían escuchar todos los países y hacer algo al respecto. Necesitamos recortes mayores y una economía sostenible, de bajo consumo de carbono, que proteja a las poblaciones más vulnerables que sufren cada vez más las consecuencias de unas condiciones climáticas extremas y que permita salvaguardar las generaciones futuras”.
Por su parte, el secretario general de Cáritas Internationalis, Michel Roy, recuerda que “los más pobres y vulnerables del mundo, especialmente los pequeños agricultores de los países en vías de desarrollo, que son quienes sufren las peores consecuencias de un problema creado por otros, deben estar en el centro de las negociaciones sobre el clima”. “Sin embargo, ¿cómo se supone que pueden avanzar estas negociaciones si los países ricos retiran las promesas que hicieron para apoyar los esfuerzos de adaptación al cambio climático?”, se pregunta.
En 2010, los países desarrollados crearon el Fondo Verde para el Clima (GCF), al que prometieron aportar cien mil millones de dólares al año hasta el 2020, para financiar las necesidades vinculadas al clima en los países en vías de desarrollo. Este mismo mes de diciembre termina el primer periodo de financiación para el clima, pero no hay certeza alguna sobre el futuro de la financiación a partir del 2013.
Cambio climático y seguridad alimentaria
Dentro de la agenda de actos de las entidades sociales que se desarrolla estos días en Doha, el pasado 28 de noviembre las delegaciones de Cáritas Internationalis y CIDSE co-organizaron un foro junto con la Alianza Ecuménica de QAcción (EAA), el Instituto para la Agricultura y las Políticas Comerciales (IATP) y ActionAid, bajo el tema “La agricultura en las negociaciones sobre el clima y el imperativo de la seguridad alimentaria: ¿Cuál es el camino para unas soluciones justas?
Los participantes debatieron acerca de si las decisiones adoptadas hasta ahora son realmente beneficiosas para la agricultura a pequeña escala y el medio ambiente, o si responden más bien a otros objetivos políticos. Especialmente, se analizó la rentabilidad económica de los programas agrícolas relacionados con el clima que se han implementado hasta ahora. La experiencia demuestra que los fondos internacionales para proyectos de ayuda a los agricultores para desarrollar mayor capacidad ante los efectos del cambio climático son en gran medida insuficientes y no logran mejorar los medios de subsistencia de los productores más pobres y más vulnerables en los países en desarrollo.
«El apoyo al modelo de agricultura desarrollado por las grandes corporaciones para la introducción de monocultivos de organismos modificados genéticamente (OMG) ha provocado el agotamiento de semillas locales indígenas y la extinción de las prácticas tradicionales. Esto tiene efectos adversos sobre el medio ambiente y la comunidad local», señaló en el foro Haridas Varikkottil Raman, experto de Cáritas India y coordinador del Programa Regional del Programa de Agricultura de Cáritas Asia.
Por su parte, Zar Gomes, coordinador regional de Cáritas Asia, reafirmó la voluntad de “promover la agricultura orgánica, una práctica adecuada para pequeños agricultores, respetuosa de las tradiciones y el entorno familiar». «En lugar de centrarse en la economía de la agricultura, queremos recuperar sus imperativos morales. Mediante el cumplimiento de la obligación moral de proporcionar alimentos a todo el mundo, la agricultura orgánica también se preocupa de las relaciones iguales entre empleadores y trabajadores, así como por la biología natural a través de su enfoque ecológico», añadió.

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