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Mi monólogo de inmigrante

Carmen Sanchís, llegó a España en marzo de 2019. Tiene doble nacionalidad española y venezolana. Es periodista, politóloga y voluntaria de Caritas Diocesana de Salamanca. Hoy comparte con nosotros esta «vitamina para resistir».

«Estoy recluida en una habitación, oigo con cierta regularidad la sirena de una ambulancia. Ultimamente es la única estridencia que rompe el silencio de Salamanca. ¿Transportará otra historia del drama Covid-19¿Qué desenlace tendrá esa carrera hasta el hospital? La cuarentena sobrepasa los 46 días, la España silenciosa sufre el rigor del confinamiento, si estamos a lunes o viernes dejó de tener sentido, el ritmo cada noche lo marca el aplauso de las 8 en honor a los sanitarios y quizás, después vengan las protestas de las cacerolas contra el gobierno. Grito y silencio. Cada familia hace acopio de coraje para darse ánimo en la lejanía. No hay brazos que sostengan ni abrazos que consuelen. El distanciamiento físico profiláctico nos dejó clavados en algun lugar del mapamundi, como muñequitos que no pueden moverse. Y estoy segura de que cuando llegue la noche comenzará otro aspecto duro del confinamiento, en mi caso pensar en los tantos días transcurridos y en los que aún faltan para poder trabajar, sabiendo que se acumulan las facturas a fin de mes.»  

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