En nuestro Espacio Verde de enero, reflexionamos sobre algo que forma parte de nuestra vida cotidiana y, sin embargo, rara vez cuestionamos: el destino de nuestro dinero. De la mano de nuestra voluntaria Carmen Sanchís, nos acercamos al concepto de banca ética: una propuesta que invita a mirar el sistema financiero con conciencia social, ambiental y humana, y a preguntarnos hasta qué punto nuestras decisiones económicas son coherentes con los valores que defendemos.
Pocas veces comenzamos el día pensando en el sistema financiero. Nuestras mañanas, generalmente van marcadas por la prisa, el café, llegar a tiempo al trabajo, pagar facturas, recordar las contraseñas del banco que a menudo se olvidan. Pero, aun cuando nosotros no pensemos demasiado en ello, el banco piensa mucho en nosotros, es decir, en nuestro dinero. De una forma que quizás cuestionaríamos.
Depositamos nuestros ahorros con la convicción de haber hecho lo correcto: el dinero está en un sitio seguro. Además, tenemos la tarjeta, todo funciona y la app está muy bien. Pero pocas veces nos preguntamos qué hacen con nuestro dinero mientras cada quien va haciendo sus cosas cotidianas. El dinero se sigue moviendo. A veces se mueve en direcciones que harían fruncir el ceño a un ciudadano comprometido.
Estamos conscientes del cambio climático, nos preocupa la explotación laboral, las guerras, hacemos peticiones en favor de las energías limpias, se hacen grandes debates sobre temas que afectarán a las generaciones futuras. Sin embargo, perdemos de vista que nuestros ahorros en el banco, guardados con mucho esfuerzo, pueden estar ayudando a financiar empresas contaminantes, proyectos armamentísticos, modelos económicos inviables. Contrario a los ideales que defendemos a capa y espada.
Aquí es donde entra la banca ética. Quizás suene como algo de otro mundo, pero es tiempo de hacernos la pregunta ¿qué hace mi dinero cuando yo no lo estoy mirando? La banca ética trabaja con nuestro dinero, pero sin perder la conciencia. Integra criterios sociales, ambientales y humanos en las decisiones financieras, apostando por una economía que tenga más de sentido común y menos de cinismo.
Fiare Banca Ética es un ejemplo de lo que es posible. Se trata de una entidad cooperativa ligada a iniciativas sociales y al impulso de una economía solidaria. No financia cualquier empresa que prometa beneficios rápidos a costa de lo que es bueno para los ciudadanos. Respalda proyectos reales que generen empleos dignos, respeten el medio ambiente y a las comunidades. Guiados por la transparencia, la participación, la democracia y la responsabilidad, valores poco frecuentes en el sector financiero.
En Fiare, el cliente no solo firma y paga comisiones. El cliente puede participar, informarse, decidir. Esta institución toma en cuenta al cliente, por lo tanto, el dinero no trabaja a espaldas de quien lo deposita. En la rentabilidad de cada proyecto evaluado, también está presente una voluntad de coherencia, justicia y sostenibilidad.
Elegir banca ética no significa renunciar a las comodidades que se desprenden del sistema bancario moderno. Significa asumir que el dinero nunca es neutro, lo pones donde está tu interés. En el banco, el dinero tiene que moverse, entonces que lo haga en una dirección que no nos obligue a voltear hacia otro lado.
El mundo no cambiará en un santiamén, pero muchos arrimando el hombro podemos marcar una gran diferencia, sobre todo si decidimos qué tipo de mundo financiamos cuando dejamos nuestro dinero en el banco.
Carmen Sanchís, voluntaria de Cáritas Salamanca .

Colabora
Grupo Undanet