El sacerdote diocesano, de 77 años, dedicó más de medio siglo al ministerio, con una intensa labor pastoral, educativa y de acompañamiento en la diócesis de Salamanca.
El sacerdote diocesano Antonio Matilla ha fallecido este lunes, 23 de marzo, a los 77 años, en el Hospital Clínico Universitario de Salamanca, donde permanecía ingresado en las últimas semanas. La capilla ardiente ha sido instalada en la Casa de la Iglesia y la misa exequial se celebrará este martes, 24 de marzo, a las 16:30 horas en la Catedral Nueva de Salamanca. Posteriormente, recibirá sepultura en el cementerio San Carlos Borromeo.
Natural de Malva (Zamora), donde nació en 1948, fue ordenado sacerdote en Salamanca el 30 de octubre de 1975. El pasado año celebraba sus bodas de oro sacerdotales, con 50 años de ministerio vividos desde la gratitud y la entrega a la Iglesia diocesana.
A lo largo de su trayectoria pastoral, desarrolló su labor en distintas comunidades de la Sierra de Francia, La Armuña y la ciudad de Salamanca. Sus primeros destinos estuvieron en parroquias rurales, que él mismo recordaba como una auténtica escuela de vida sacerdotal. Posteriormente, ejerció su ministerio en localidades como Parada de Rubiales, Pajares de la Laguna o Villares de la Reina, así como en el barrio salmantino de Tejares. Desde 2014 formaba parte de la Unidad Pastoral Centro Histórico, donde ejercía actualmente como párroco in solidum.
Su vocación, profundamente enraizada en la familia y la parroquia, estuvo siempre marcada por la cercanía y el acompañamiento a las personas. Quienes le conocieron destacan su carácter abierto, su sentido del humor y su capacidad para estar presente en la vida cotidiana de las comunidades.
Además de su labor pastoral, desarrolló una intensa dedicación al ámbito educativo y juvenil. Fue profesor en distintos centros de enseñanza secundaria y también en la Universidad Pontificia de Salamanca, donde había cursado estudios de Filosofía. Ejerció como delegado diocesano de Enseñanza y participó activamente en la pastoral juvenil, especialmente a través del escultismo católico, una experiencia que consideraba una verdadera escuela de vida.
Su compromiso con la diócesis se extendió también al ámbito de la comunicación. Durante décadas colaboró con medios diocesanos y locales, como la revista Comunidad o el programa Iglesia Noticia en COPE Salamanca, ofreciendo reflexión y acompañamiento a través de la palabra. En los últimos años continuaba escribiendo en medios digitales y en la web diocesana.
En 2018 fue nombrado canónigo de la Catedral de Salamanca y en 2021 elegido deán, responsabilidad que desempeñó hasta diciembre de 2024.
Su vida estuvo también marcada por la experiencia de la enfermedad, vivida con fe, serenidad y esperanza. Fruto de ese proceso fue la publicación de su libro “Linfoma LCM con amor y humor”, en el que compartía su vivencia con el deseo de ayudar a otras personas a afrontar la enfermedad desde la confianza.
Desde Cáritas Salamanca despedimos a un sacerdote cercano y comprometido, que hizo de su vida un servicio constante a la Iglesia y a las personas, especialmente a través del acompañamiento, la educación y la palabra.





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