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La urgencia de tejer vínculos comunitarios pone fin al ciclo de sesiones de la Escuela de Formación Social 2026

26 febrero, 2026

Francisco Prat invita a pasar del “bien estar” al “bien cuidar” para afrontar la exclusión desde la fraternidad y la corresponsabilidad.

La Escuela de Formación Social 2026 de Cáritas Diocesana de Salamanca celebró ayer, miércoles 25 de febrero, su tercera sesión en el Aula Cultural de Unicaja, dentro de la 41ª edición dedicada al “IX Informe FOESSA: describir y explicar la realidad social”.

La presentación del ponente corrió a cargo de José Manuel Lázaro, director de Cáritas Salamanca, quien subrayó la importancia de los vínculos en una sociedad marcada por la fragmentación y la creciente soledad, recordando que «fortalecer las relaciones es una tarea central para cualquier proyecto de transformación social».

Bajo el título “La urgencia de tejer vínculos comunitarios”, Francisco Prat, miembro del equipo de Desarrollo Institucional de Cáritas Española, propuso analizar los vínculos sociales a la luz del IX Informe FOESSA desde una perspectiva antropológica. En su intervención, destacó que la pobreza y la exclusión son fenómenos multidimensionales que, además de afectar a las condiciones materiales de vida, «debilitan el capital social y erosionan los lazos comunitarios».

Frente a esta realidad, defendió la intervención social y la comunidad como espacio de fraternidad, en el que «la familia, el enraizamiento y la inclusión se convierten en pilares fundamentales». En este sentido, recordó la vigencia de los valores de libertad, igualdad y fraternidad, subrayando especialmente este último como elemento imprescindible para sostener una sociedad cohesionada.

Prat señaló la necesidad de avanzar hacia un nuevo pacto social basado en la corresponsabilidad. La respuesta a la exclusión, afirmó, no puede recaer únicamente en el Estado, sino que implica también al mercado, a las familias y a la comunidad en su conjunto. “Somos autónomos, pero no autosuficientes”, explicó, cuestionando el paradigma ético de la autosuficiencia que sitúa al individuo como soberano absoluto de su vida y sus bienes desde una posición individualista. Frente a ello, reivindicó una sociedad consciente de su vulnerabilidad y orientada hacia los cuidados.

Las necesidades humanas, insistió, se cubren en relación con otros, desde la sensibilidad ante el sufrimiento ajeno y desde la compasión. Por ello, invitó a transitar del “bienestar” al “bien cuidar”, incorporando valores como el ecologismo y el feminismo en la construcción de un modelo social más justo y sostenible.

La dimensión espiritual también ocupó un lugar central en su reflexión. Más allá de responder al “por qué”, Prat animó a preguntarse “con quién” caminamos, señalando que la transformación social requiere encuentro, ecología integral y apertura a un cambio profundo que nace del compromiso y del sentido trascendente de la vida.

Así concluían las charlas de la escuela 2026, en una  sesión que volvió a reunir a agentes sociales, profesionales y voluntariado, consolidando estos encuentros como un espacio de análisis riguroso que impulsa comunidades más unidas, solidarias y comprometidas con la dignidad de todas las personas.

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