La convocatoria ayudó a visibilizar a quienes sufren la precariedad laboral y reclamó una economía al servicio de la persona
Cáritas Diocesana de Salamanca celebró el pasado jueves 30 de abril un nuevo Círculo de Silencio en Puerta Zamora, centrado en la defensa del derecho a un trabajo digno. Una convocatoria que reunió a personas comprometidas con la justicia social en un gesto sencillo, pero significativo, para visibilizar realidades de exclusión que siguen presentes en nuestra sociedad.
En un ambiente de respeto, las personas participantes ayudaron a denunciar las dificultades que muchas personas encuentran en el acceso a un empleo en condiciones dignas. Tal y como se recordó durante la lectura del manifiesto al final del acto, “el trabajo no es solo un medio de subsistencia: es un derecho fundamental, una expresión de la dignidad humana y un camino para construir una sociedad más justa”.
El texto puso de relieve que el mundo laboral continúa dejando a muchas personas atrás: “el desempleo, la precariedad, los salarios insuficientes, la temporalidad abusiva o el deterioro de la salud mental siguen marcando la vida de miles de trabajadores y trabajadoras”. Una realidad que afecta especialmente a quienes se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad.
Asimismo, el acto fue también una llamada a la escucha y al compromiso con las personas más vulnerables, recordando la labor diaria de acompañamiento y defensa de derechos que realizar la diocesana. En este sentido, se alzó la voz para reclamar, entre otras cuestiones, “que ninguna persona trabajadora sea tratada como un recurso prescindible”, “que el salario sea justo y permita vivir con dignidad” y “que la economía esté al servicio de la persona, y no al revés”.
El Círculo de Silencio volvió a convertirse así en un espacio de denuncia pacífica y de llamada a la conciencia colectiva, en el que se apeló también a la responsabilidad compartida de instituciones, empresas y ciudadanía para avanzar hacia un modelo laboral más justo.
El acto concluyó con una invitación a mantener la esperanza y el compromiso: “un trabajo digno para todos no es un sueño ingenuo, sino una exigencia ética y una posibilidad real”. Porque “la dignidad humana no se negocia. Se defiende, se cuida y se celebra”. ¡Gracias por acompañarnos!







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