Un informe de Cáritas, Cruz Roja, ONCE y Secretariado Gitano destaca cómo sus itinerarios personalizados incrementa un 79% la probabilidad de acceder a un empleo a personas en exclusión social.
Promover la inclusión laboral de personas en situación de vulnerabilidad no solo responde a un compromiso ético, sino que también supone una inversión con un claro retorno económico y social. Así lo recoge el informe presentado en Madrid por Cáritas Española, Cruz Roja Española, Fundación ONCE y Fundación Secretariado Gitano, que analiza el impacto de sus programas en el marco del Fondo Social Europeo durante el periodo 2016-2023.
El estudio pone de relieve la eficacia de los itinerarios personalizados de inserción, que aumentan de media en un 58% la probabilidad de acceder a un empleo, alcanzando hasta un 79% en personas inactivas. Este modelo de acompañamiento integral, centrado en las necesidades de cada persona, se consolida como una herramienta clave para mejorar la empleabilidad de quienes enfrentan mayores barreras de acceso al mercado laboral.
Aunque la evaluación se centra en los últimos años, el trabajo conjunto de estas entidades con el respaldo del Fondo Social Europeo se remonta al año 2000. En este tiempo, más de 1,3 millones de personas han participado en estos programas, logrando que cerca de 469.000 accedan a un empleo y que más de 430.000 reciban formación.
Entre 2016 y 2023, las intervenciones permitieron atender a 448.830 personas, de las cuales el 55% eran mujeres. Más de la mitad (52,7%) logró mejorar su situación a través de la activación, la formación o el acceso al empleo. En concreto, 145.957 personas encontraron trabajo tras completar su itinerario, mientras que 99.316 obtuvieron una cualificación profesional.
El impacto es especialmente significativo en el caso de las mujeres, que presentan una tasa de inserción del 35,6%, superior a la de los hombres (31,7%), aunque persisten mayores niveles de temporalidad en el empleo femenino. Además, el informe subraya que los efectos del programa no se limitan al ámbito laboral, sino que generan cambios duraderos en las competencias, la autoestima y las expectativas de las personas participantes, así como en su entorno familiar.
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es el retorno económico de la inversión. Por cada euro destinado a estos programas cofinanciados por el Fondo Social Europeo se generan entre 2,9 y 4 euros en beneficios económicos y sociales. Este impacto positivo es especialmente notable en el caso de las administraciones públicas, que obtienen un retorno estimado muy superior a su aportación inicial.
El éxito de estas iniciativas se apoya en varios factores clave: el conocimiento experto de las entidades sociales, el desarrollo de apoyos integrales, el empoderamiento de las personas participantes y la conexión con las necesidades del mercado laboral. Este enfoque ha permitido construir un modelo de intervención cercano, flexible y adaptado a realidades muy diversas.
El programa se ha dirigido principalmente a colectivos en situación de alta vulnerabilidad, como personas con discapacidad, población migrante, población gitana, personas mayores de 45 años o personas en situación de sinhogarismo o adicciones. El objetivo ha sido mejorar sus oportunidades de acceso a la formación y al empleo, contribuyendo a una sociedad más inclusiva y a un mercado laboral más equitativo.
Además, la implicación del tejido empresarial ha sido fundamental. Cerca de 18.000 empresas han colaborado en el desarrollo del programa, valorando de forma muy positiva la adecuación de los perfiles profesionales a sus necesidades. Este trabajo conjunto también ha contribuido a reducir prejuicios y estereotipos en la contratación de personas procedentes de colectivos vulnerables.
La financiación estable del Fondo Social Europeo ha sido otro de los elementos determinantes, al permitir el desarrollo de programas sostenidos en el tiempo y con presencia en todo el territorio, incluidas las zonas rurales. Esta continuidad ha facilitado procesos de acompañamiento más largos y efectivos.
El informe concluye que este tipo de programas sigue siendo imprescindible en el contexto actual, marcado por las altas tasas de pobreza y desempleo de larga duración, y será clave en el futuro ante desafíos como la especialización del mercado laboral, la falta de mano de obra cualificada y el envejecimiento de la población.
En este escenario, la inclusión sociolaboral se consolida como una herramienta de transformación social y una inversión eficaz que genera oportunidades reales y beneficios compartidos para toda la sociedad.

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