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El centro de salud mental Ranquines presenta su memoria anual

Crece el número de personas atendidas, acompañadas en pisos de inserción y las actividades de sensibilización.  

El año pasado, el centro atendió a 79 personas y a 16 familias.

El pasado viernes 30 tuvo lugar la presentación de la memoria del Centro de día para personas con trastorno mental grave y en situación de exclusión social Ranquines. Un acto celebrado en la “Sala del Trono” de la Casa de Los Padres Paúles, y que contó con la intervención de José Manuel Lázaro (Coordinador del Centro de Día Ranquines); Francisco Berbegal (ex coordinador del Centro); Ana Suarez (teniente de alcalde del Ayuntamiento de Salamanca); David Mingo (alcalde del Ayuntamiento de Santa Marta y diputado provincial) y Encarnación Pérez (Subdelegada del gobierno en Salamanca). Además de la asistencia de Silvia González (Concejala de deportes y fiestas del Ayuntamiento de Santa Marta), Mª Cruz Gacho (concejala de educación del Ayuntamiento de Santa Marta) y Francisco Miguel García (concejal de cultura del Ayuntamiento de Santa Marta).

Las cifras

Durante el acto, José Manuel Lázaro presentó los datos del último año, haciendo balance de estos “cinco años de ilusiones, de trabajo duro, de logros y desafíos, de sentir el apoyo y el cariño de muchas instituciones y personas de Salamanca”.

Han solicitado nuestra atención 90 personas en este año (67 la solicitaron el primero, 69 el segundo y tercer años, y 75 el cuarto). De ellas un 9% procedía de las administraciones públicas (CEAS y EPAP del Ayuntamiento de Salamanca y la Diputación, y del SACYL), un 30% por iniciativa propia o familiar y un 61% de asociaciones privadas.

De ellas, 79 personas han participado en nuestras actividades e intervención; de las que un 47% han sido hombres y un 51% mujeres, (aumentando el porcentaje de mujeres desde el 47% del año pasado, siendo la primera vez que superan a los hombres); 63 españoles, 2 de países comunitarios y 14 de países extracomunitarios.

De las personas atendidas, 34 de ellas estaba en situación sin hogar o exclusión social, y otras 16 en situación de vulnerabilidad por el aislamiento social; lo que alcanza el 63%. Por la situación de pandemia hemos atendido a diversas personas con ansiedad, con ideas o intentos autolíticos, que no serían propiamente nuestro perfil; por lo que han sido atendidas en el Centro de día otras 29 personas, no estando en situación de exclusión. Hemos acompañado, también, a 16 familias.

El Centro de día cubre cada mes sus 40 plazas, con una lista de espera que este año ha sido habitual. La “ola de la salud mental” se siente con fuerza, especialmente entre mujeres y jóvenes. El mes de julio atendimos a 55 personas. Este año se han producido 31 altas, 7 de ellas terapéuticas, bien porque las personas han conseguido sus objetivos o bien porque han sido derivados a un recurso más adecuado a sus necesidades. La media de permanencia es de 19 meses, un 40% de las personas realizan un proceso de recuperación de más de 16 meses.

Si contamos los cinco años, el total de participantes asciende a 205 personas.

Los logros

Si el primer año de Ranquines fue la confirmación de que un recurso de estas características era efectivamente necesario en Salamanca; si el segundo y el tercero fue el de la consolidación del Centro de día y si el cuarto año destacó por el protagonismo de las personas participantes, el quinto año ha estado marcado por el crecimiento en nuestra atención y en la sensibilización.

Después de 2 años marcados por la tragedia del COVID, enfrentamos ahora los efectos de la pandemia en la salud mental de la población, que ha tenido un impacto devastador en personas con trastorno mental grave, porque su vulnerabilidad a experimentar angustia y malestar es mayor de lo normal. Nunca habíamos vivido una situación semejante. El exceso de trabajo que tienen los psiquiatras y psicólogos en la red pública ha provocado que los pacientes sufran retrasos en la atención a niveles indignos.

Ante esa situación en Ranquines, para responder a este desafío, ha experimentado un crecimiento:

– En número de personas atendidas, en atención a mujeres, en intervenciones psicológicas. Se ha aumentado el esfuerzo en acoger y acompañar ese agravamiento de la salud mental de buena parte de la población, especialmente la más vulnerable.

– En número de personas acompañadas en pisos de inserción. Son viviendas normalizadas en la comunidad, en las que las personas viven con autonomía e independencia. Ya son 4 los pisos y 16 las personas que en estos dos años han pasado por ellos.

– En actividades de sensibilización, porque además de retomar nuestras jornadas de salud mental que organizamos juntamente con la Universidad Pontificia, hemos impulsado la Sensibilización en el ámbito educativo. Hemos realizado numerosos actos de sensibilización en colegios con alumnos de Secundaria, Bachillerato y FP, no solo de Salamanca sino de otras CC.AA., como en Castellón.

– También hemos actuado ante un problema que va ganando perfiles de gran problema de salud pública; el suicidio. Hemos realizado talleres de prevención al suicidio con participantes, voluntarios y trabajadores, el último con “Vigilantes de la vida”. El objetivo es detectar las señales de riesgo, saber cómo abordarlas y prevenir el suicidio.

Hemos crecido en grupos de Ayuda Mutua. Ha surgido este año un segundo grupo de participantes que ya han hecho su proceso de recuperación y se disponen a compartir entre ellos sus experiencias y a brindarse apoyo de manera recíproca

Los retos

Estamos contentos, pero sabemos que cinco años son pocos; son muchas las personas con problemas de salud mental, muchas sus necesidades y muchos los retos que se nos plantean a la hora de querer ayudarlas y acompañarlas. Hemos crecido también en inconformismo, queremos ayudar más y mejor. En estos momentos, pensamos en tres retos concretos:

– En esta crisis en la que ya estamos inmersos nos preocupa la degradación de las condiciones socioeconómicas, empeorando mes a mes y que tiene terribles efectos en los más pobres; situaciones prolongadas de precariedad y la falta de empleo y de recursos económicos para afrontar los gastos más necesarios (alimentación, vivienda o medicamentos) también afectan a la salud mental.  El 40% de la población en riesgo de exclusión ha sentido muchas o bastantes veces ansiedad o estrés, además de depresión.

– La gran vulnerabilidad que manifiestan los jóvenes y las mujeres que padecen un trastorno mental: La pandemia ha provocado un aumento de hasta el 47 % en los trastornos de salud mental en los menores. El confinamiento en casa, el cierre de los colegios, el cambio de rutinas, la falta de información o la información sesgada, la distancia social o el miedo al contagio han impactado en la población infantojuvenil. El 35,4% de los jóvenes ha tenido alguna vez ideas suicidas, y el 8,9% las tiene a menudo. Respecto a las mujeres la mitad de las mujeres atendidas por nuestro centro han sufrido violencia en el ámbito familiar o/y en la pareja alguna vez en su vida. El número de recursos que hay para mujeres, sobre todo, si padecen un trastorno mental es escasísimo. Cuánto más, cuando hay muchos recursos sociales tienen entre sus criterios de exclusión para acceder, el trastorno mental. Una muestra más del estigma de salud mental en el seno de la propia intervención social.

– Para responder a estos desafíos seguiremos ampliando nuestro trabajo en red con otras Entidades para dar respuestas a las nuevas necesidades derivadas de esta crisis. Además, queremos este año, por un lado, incrementar nuestra sensibilización sobre salud mental en el ámbito de colegios, institutos y Universidades. Por otro lado, atender la problemática de la salud mental en el mundo rural, con especial atención la situación de la mujer en ese medio. Pare ello, dos integrantes de nuestro equipo han realizado una formación en esa área y hemos conseguido una furgoneta para extender la acción de Ranquines a los pueblos de la provincia de Salamanca.

Por quinto año, nuestros logros y nuestros retos son también los vuestros; ya que cualquier persona puede tener problemas de salud mental. Pero, sobre todo, porque lo que hemos logrado en estos cinco años ha sido gracias al compromiso de muchas personas: a las ocho entidades eclesiales que están detrás del proyecto, a las parroquias, congregaciones, cofradías, asociaciones y muchas personas individuales; a la coordinación cada vez más y mejor con las administraciones públicas y el Sacyl; a nuestros muchos voluntarios.

Por último, queremos agradecer especialmente al trabajo y la dedicación de quien ha sido alma mater de este proyecto, que ayudó a idearlo y ponerlo en funcionamiento; Francisco Berbegal, quien tras 5 años dirigiendo Ranquines, marcha a un nuevo destino. ¡Gracias por ser parte de nuestra pequeña historia!

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