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José Luis Pinilla, sj. Director del Secretariado de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española nos trae una nueva vitamina para resistir.

Aplaudir a los emigrantes, bajo este título nos invita a aplaudir a quienes se desviven por dar vida a otros, dice Pinilla: «Mis pulsos dejan de ser sólo míos, bombeando vida a quien la está exponiendo para salvar a alguien. Nuestro aplauso anónimo y plural, más a lo hondo, es un aplauso a todos nosotros cuando nos atrevemos a vivir en plural. Cuando hacemos verdad el verso de “o todos o ninguno, uno sólo no puede salvarse”. O todos en su diversidad enriquecedora o ninguno. Las   tentaciones xenófobas y racistas pueden hacer más daño del imaginado. Y las devoluciones sumarias o expulsiones sibilinas, recortes, ERTES y demás zarandajas construirán una nueva (o antigua¡)  normalidad donde los descartados pagarán el pato. Como siempre. Y  harán que muchos empobrecidos (emigrantes por ejemplo) no tendrán ni el mínimo vital para sobrevivir a pesar de los intentos del Papa y de tantas entidades eclesiales. Recojamos las propuestas de Cáritas desde ya para los emigrantes. Y que la postpandemia nos coja “confesados” y con las tareas preparadas para tanto emigrante y refugiado y para otros  muchos de la variada  movilidad humana . Pues muchos ni han podido quedase en casa (ni la de aquí ni la de su país), ni han podido cumplir con las normas de distanciamiento o higiénicas cuando ni siguiera el jabón o el agua llegaba  a sus casas: Que se lo pregunten si acaso a los temporeros de los campos agrícolas de Huelva o Almeria, que tuve la ocasión de visitar ( y de llorar a cántaros) al ver en algún caso, solo chabolas de plástico y un grifo de agua para 3.000 personas.»  

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