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Aumentan los niveles de pobreza y exclusión, según el último estudio del INE

El equipo de estudios de Cáritas valora los datos de la última encuesta de Condiciones de Vida que realiza el INE y su impacto en las personas atendidas por la organización.  

Los datos de ingresos disponibles por los hogares en España, publicados el pasado 15 de julio en la Encuesta de Condiciones de Vida 2020, corresponden a 2019 y por tanto no reflejan todavía la realidad del primer año de pandemia. Sin embargo, estos datos muestran que las situaciones de pobreza ya estaban empeorando en el periodo previo a la crisis sanitaria. Según datos de ingresos de 2019, el porcentaje de población en riesgo de pobreza o exclusión social (tasa AROPE) aumentó al 26,4% desde el 25,3% de 2019. El aumento de la tasa AROPE se produjo en dos de sus tres componentes: El riesgo de pobreza pasó del 20,7% al 21,0% y el porcentaje de población en situación de carencia material severa subió del 4,7% al 7,0%.

Se da por ejemplo un aumento importante de la tasa AROPE entre los mayores de 65 años. Esto se puede deber a varias causas; una probable explicación es el aumento de la renta media disponible por los hogares y por tanto un empobrecimiento relativo de este rango de edad. La estabilidad de los ingresos de las personas mayores (pensiones) frente al aumento de la renta media disponible del conjunto de los hogares, hace que pierdan capacidad adquisitiva de manera relativa al conjunto de los hogares que ven sus ingresos aumentar.

Por su parte, los indicadores de privación material o la percepción que tienen las personas entrevistadas de sus condiciones de vida, sí reflejan la realidad en el momento de la recogida de la información en 2020. Por tanto, la evolución de estos indicadores sí nos da pistas del impacto que ha tenido la pandemia sobre las condiciones de vida de muchas familias en España. Ya se está viendo los efectos de la crisis en las condiciones de vida de los hogares a través situaciones de mayor carencia.

No parece que las medidas de protección social, como IMV o relacionadas con los gastos de vivienda, hayan sido suficientes para compensar la pérdida de ingresos de los hogares:

  • El 10% de hogares tienen mucha dificultad para llegar a fin de mes.
  • El 35,4% no tienen capacidad para afrontar gastos imprevistos.
  • El 10,7% han tenido retrasos en el pago de gastos relacionados con la vivienda principal (hipoteca o alquiler, recibos de gas, comunidad…) en los últimos 12 meses.
  • El 11,1% no pueden permitirse mantener la vivienda con una temperatura adecuada.
  • El 5,5% no pueden permitirse una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos días.

Por otra parte, en cuanto a la evolución de los datos de pobreza y privación, sabemos por fuentes propias que, tras 15 meses desde la declaración oficial de la pandemia mundial por la OMS, la crisis sanitaria se ha convertido en una crisis económica y social que ha golpeado con más fuerza a las personas más vulnerables. 

Se trata de una investigación basada en una muestra representativa de las personas que acuden a diferentes servicios de atención social, con el fin de conocer en qué medida la crisis de la COVID ha impactado en sus condiciones de vida: la capilaridad, el volumen de personas atendidas y la especialización en atender personas del ámbito de la exclusión social justifican que los resultados obtenidos sean extrapolables al conjunto de la población en situación de exclusión social más grave de nuestro país.

1) A nivel laboral, ya antes de la pandemia, el 43% de las personas activas en situación de exclusión se encontraban en desempleo, cifra que casi se duplicó en los primeros meses del más estricto confinamiento (79%) y que fue descendiendo hasta afectar actualmente al 53% de esta población.

  • La tasa de paro de las personas atendidas por Cáritas (53%) es más del triple que para el conjunto de la población (17%).
  • Cuando hay empleo, es en condiciones muy precarias. Un tercio de las personas acompañadas por Cáritas que han trabajado a lo largo del mes de abril de 2021 lo han hecho menos de 10 días.
  • Además, el 57% ha tenido trayectorias de intermitencia entre períodos de trabajo y de desempleo a lo largo del último año, incluidas aquellas que trabajaban antes de la pandemia y que ahora no lo hacen (14%).
  • Solo el 23% ha mantenido su empleo anterior a la declaración del estado de alarma. En el extremo opuesto, más de 95.000 personas nunca han logrado acceder a un empleo.

2) La falta de empleo y la precariedad laboral afectan a los ingresos, y 315.000 personas viven en hogares cuyos ingresos son tan escasos que no han logrado salir de situaciones de pobreza en todo el período desde antes de la pandemia hasta la actualidad. Se evidencia así su situación crónica de pobreza.

  • Casi 700.000 personas viven bajo el umbral de la pobreza severa. De ellas, alrededor de 26.000 han llegado a esta situación a raíz de la crisis de la COVID y su impacto socioeconómico.
  • La pobreza aumenta especialmente en los hogares donde hay niños, niñas y/o adolescentes, de tal forma que el 81% de las familias numerosas está en situación de pobreza.

En suma, la ECV 2020 nos da la oportunidad de ver como las condiciones de vida de la población empezaron a empeorar ya antes de la Covid-19. Nuestra sociedad y economía ya había iniciado una situación descendiente para una parte de la población. Por supuesto, la COVID ha tenido un impacto, en algunos elementos de privación muy significativos: vivienda y energía. Es primordial actuar de manera muy rápida tanto por la vía de los ingresos como de la vivienda. Es necesario recuperar el empleo, un empleo estable y digno, pero mientras tanto necesitamos de una garantía de ingresos y políticas de vivienda suficientes.

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